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LA EDUCACIÓN, FENÓMENO HUMANO

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¿Geógrafos o exploradores?

 La cultura es un proceso y un producto, un mecanismo de adaptación de la especie humana frente a su enorme indeterminación genética en lo que se refiere a formas de vida, sistemas de relaciones, organización de la experiencia y del pensamiento, es decir, la cultura es algo dinámico, no estático”. (Silvia Carrasco “Usos y abusos del concepto de cultura”).
A lo largo de la evolución de las del hombre, generación tras generación se ha transmitido no sólo información genética, sino una información cultural. Toda esta información pasada generación tras generación se ha ido “acumulando” y “apilando”, es decir, cada generación se ha beneficiado de ese legado “pensado” y descubierto” por sus predecesores.
La cultura, por tanto, es el conjunto de saberes acumulados realizados por los seres humanos que determinan la forma de la sociedad. Al conjunto de saberes se le llama educación, es decir, el proceso de transmisión de conocimientos, normas, valores, ritos, conductas, tradiciones. De estas afirmaciones, podemos decir que educación y cultura están íntimamente ligadas, ya que la educación sólo es posible mediante la existencia de una cultura y, ésta, se conserva por medio de la educación.
Al hablar de educación, podemos distinguir entre la educación formal y la no formal. Sea cual sea el tipo de enseñanza a la que nos refiramos, el objetivo es el mismo, se pretende intencionadamente hacer que el otro comprenda, asimile y haga propio la sabiduría, norma, regla o conducta que le estamos transmitiendo. Por tanto, podemos decir, que el hombre busca una enseñanza, no una simple imitación, sino un cambio en la mente del otro. El hombre tiene cuenta los estados mentales del que aprende, sus dificultades y su capacidad de comprensión para tratar de modificarlos.
El descubrimiento de la mente por el niño significa el hacerse consciente de que las personas, incluido él mismo, tienen mente y dentro de los estados o elementos de esa mente están las creencias, deseos, sentimientos, pensamientos, con base en los cuales realizan sus acciones: “Cuando se produce una enseñanza intencionada, cuando un individuo es capaz de enseñar a otro y se establece una relación de aprendizaje y enseñanza esta forma de adquisición de conocimientos está directamente relacionada con la transmisión de la cultura” Astington (1993).
Por tanto, la educación supone el mayor y mejor legado de la humanidad: “el que enseña tiene intención de hacerlo y tiene en cuenta el estado mental en que se encuentra el que aprende”. Para lograr esto, el que enseña debe establecer donde se encuentra el alumno con respecto a donde se quiere llegar; cómo puede intervenir para ayudarle y cuáles son las acciones o instrucciones más eficaces en esa situación; debe tomar conciencia de lo que el aprendiz no puede hacer o no entiende y de los obstáculos que encuentra; debe evaluar en cada momento la eficacia de su intervención y modificarla en función del desempeño del alumno.
Pero, esto necesita un cambio de mentalidad y de visión de la propia tarea docente, un cambio hacia una visión constructivista del proceso de enseñanza y aprendizaje. La escuela tradicional ha basado el desarrollo y responsabilidades del profesorado (y se siguen basando en muchos casos) en: regular los aprendizajes, fijar los objetivos a alcanzar por los alumnos, planificar las tareas a desarrollar, identificar y detectar dificultades en el alumno y evaluar el logro de los objetivos.
La Sociedad de la Información, esa nueva sociedad en la que estamos inmersos, necesita de ciudadanos con capacidades y competencias necesarias para gestionar y dar sentido a toda la información a la que se enfrentan. El cambio de mentalidad tiene que favorecerse al alumno cambiando el proceso de enseñanza y aprendizaje comenzando por quien tiene en cuenta los “estados mentales del que aprende” y tiene la intención de hacerlo: el profesor. Sus nuevos roles serían el de dinamizador, facilitador, asesor, consejero, mediador.
Así como el rol del profesor y el desempeño de su tarea docente necesita tener una visión diferente, al alumno se le debe favorecer ese cambio.
Pero, ¿qué papel juega entonces el alumno? No puede tomar un rol pasivo centrando su aprendizaje en el logro de resultados, por simple repetición hasta automatización, sin comprensión y basando todo el proceso en simple trabajo individual. Los alumnos deben aprender a usar las herramientas de creación de significado y construcción de la realidad, para adaptarse mejor al mundo en el que se encuentran y para ayudarles en el proceso de cambiarlo según se requiera. El fin es buscar y promover en los alumnos la capacidad de “Aprender a Aprender” mediante la construcción de aprendizajes significativos; la explicitación de los procesos de aprendizajes: qué, por qué, cuándo, dónde y cómo aplicarlos; buscar el “Metaconocimiento”, es decir, ser conscientes de lo que se sabe y de lo que no, de lo que nos proponen aprender, de lo que hacemos para aprender y de lo que vamos logrando; favorecer el “Pensamiento Crítico”, es decir, construir su propias representaciones, admitir e integrar diferentes posturas para aprender de y con ellas, así como aprender a desechar otras; favorecer un cambio en el proceso de evaluación a través de una “Evaluación Formadora”, es decir, alumnos que planifican y evalúan sus propios aprendizajes; orientar los éxitos hacia el proceso de aprendizaje y no hacia los logros; implicar a los alumnos en la resolución de problemas reales; favorecer un nuevo tipo de interacciones a través de aprendizaje Cooperativo, promoviendo la interacción entre los alumnos, así como entre alumnos y el profesor.
Este cambio en las interacciones supone el traspaso de conocimiento entre iguales. El saber ya no sólo reside en la figura del profesor y las interacciones buscadas no son la relación individual del profesor hacia un alumno, y de éste al profesor. Este traspaso de conocimiento siempre presupone interacción. Por eso, buena parte de la tarea educativa debería consistir en promover “comunidades de aprendices mutuos”. Este papel de “transmisor y portador del conocimiento” se debe transferir en parte a los alumnos. Para conseguir esto, el profesor debe ayudar y favorecer situaciones entre sus alumnos para que lo hagan. El aprendizaje a partir de otros es un componente fundamental, no se puede olvidar el respeto que el alumno siente por la persona que enseña, pero debe entender que no es el “dueño del conocimiento”.
El alumno tiene que tener la oportunidad de decidir en su aprendizaje, no solo ser un sujeto pasivo que admite todo lo que le imponen. “El currículum que adoptemos tiene que responder a los intereses globales de un modelo de ser humano y de sociedad, para poder así, responder a las necesidades de todos los individuos“ (Sacristán, G.). Así mismo, se debe ofrecer “recursos que se adapten mejor a nuestro alumnado y éste pueda responder de una forma abierta y comunicativa” (Sacristán, G.). El objetivo del docente es formar alumnos independientes, críticos, autónomos y con personalidad propia. Así mismo, no se puede imponer gustos, intereses ó maneras de pensar. Los alumnos deben sentir que crecen como personas, pero ayudándoles en todo momento a que sean ellos mismos. Se debe construir entornos abiertos, aprendizajes atractivos y significativos, abrir fronteras: idioma, movilidad, intercambios y cooperación. La atención a los alumnos tiene que ser personalizada y adaptada a sus necesidades, ritmos de aprendizajes, intereses, así como contextualizadas, para que el alumno pueda entender mejor la realidad que le rodea, es decir, una educación centrada en el alumno. Pero los aprendizajes no debe ser algo meramente individual.
El aprendizaje que se produce o se provoca dentro de un aula es un aprendizaje dentro de un grupo social con vida propia, con intereses, necesidades y exigencias que van configurando una cultura peculiar. Es un aprendizaje que se produce dentro de una institución y limitado por las funciones sociales que cumple dicha institución. Crear el espacio de comprensión común de participación requiere un compromiso de participación de estudiantes y docentes en un proceso abierto de comunicación.
La separación radical entre teoría y la práctica, entre el aprender y el hacer, es otra de las constantes de la escuela tradicional que impide la vivencia crítica de la cultura. La nueva escuela que necesita la nueva cultura en la que estamos inmersos, la “Sociedad de la Información”, necesita superar este inútil abismo. La enseñanza educativa debe representar el aprendizaje de la cultura en todas sus dimensiones. El individuo, en cooperación con los demás, debe sentirse y desarrollarse como el protagonista principal del proceso de construcción de significados mediante su participación activa en proyectos de intervención en la realidad social y cultural.
La tarea del docente en la enseñanza educativa debe ser el provocar un aprendizaje relevante y significativo, es decir, facilitar y provocar la reconstrucción de los esquemas intuitivos de pensamiento y sentimiento de cada individuo. Este concepto incluye tanto estimular la activa participación intelectual del propio aprendiz como facilitar el contraste con las formulaciones alternativas de las representaciones críticas de la cultura intelectual. Esto es ofrecerle y representarle al alumno la realidad tal cual es, pero dotándole de las armas suficientes para que desde un razonamiento crítico, le de su propio sentido y valor a lo que le rodea.
El profesor es considerado un profesional autónomo que reflexiona críticamente sobre la práctica cotidiana para comprender tanto las características específicas de los procesos de enseñanza y aprendizaje, como del contexto en que la enseñanza tiene lugar, de modo que su actuación reflexiva facilita el desarrollo autónomo de quienes participan en el proceso educativo, enfatizando en el proceso de enseñanza y aprendizaje las estrategias que provoquen la reflexión libre del individuo.
La responsabilidad del docente no es sólo aplicar un currículo oficial definido desde la administración o los libros de texto (y “acabarlos”, identificándose esto por muchos padres como rasgo de buen docente), sino mejorar permanentemente la práctica y la comunicación en la escuela de modo que se facilite la reflexión critica y la reconstrucción del pensamiento intuitivo de los estudiantes. El docente debe facilitar el aprendizaje relevante de los estudiantes al provocar la reconstrucción de su cultura, debe provocar la reformulación y análisis de los problemas cotidianos, reales y cercanos al alumno, a la luz de las aportaciones que ofrece el conocimiento más depurado de la cultura intelectual.
La función educativa de la escuela, a diferencia de la concepción clásica, requiere crear un espacio de vivencia cultural donde el docente se convierte en el motor principal, que no el protagonista del proceso de enseñanza y aprendizaje.

XV


 
- ¿Qué es este grueso libro?- preguntó el principito- ¿Qué haces aquí?
- Soy geógrafo- dijo el anciano.
- Es un
sabio que conoce dónde se encuentran los mares, los ríos, las ciudades, las montañas y los desiertos.
- ¡Por fin un verdadero oficio!......Es muy bello vuestro planeta. ¿Tiene océanos?
- No puedo saberlo- dijo el geógrafo.
- ¡Ah!- Dijo el principito decepcionado- ¿Y montañas?
- No puedo saberlo- dijo el geógrafo.
- ¿Y ciudades y ríos y desiertos?
- Tampoco puedo saberlo- dijo el geógrafo.
- ¡Pero eres geógrafo!
- Es cierto- dijo el geógrafo- pero
no soy explorador.


EL PRINCIPITO – Antoine de Saint-Exupéry


Los docentes debemos plantearnos al llegar al aula si queremos ser meros geógrafos, con todos nuestros “libros gordos” llenos de sabiduría, pero simple sabiduría teórica ó si queremos ser exploradores. Si queremos tener conciencia y realmente conocer lo que hay en el mundo, conocer cómo son las montañas y los ríos. De la misma manera, debemos plantearnos qué clase de alumnos queremos formar, que clase de ciudadanos queremos tener en nuestra sociedad, ¿geógrafos o exploradores?

 

BIBLIOGRAFÍA

1.   Bruner, J. (1996) La educación, puerta de la cultura. (Cap. 1, pp. 19-62); cap. 2, pp. 63-83). Madrid: Visor, 1997.

2.  CARRASCO PONS, SILVIA “Usos y abusos del concepto de cultura” Cuadernos de pedagogía nº 264

3.  Coll, C. (2001). Lenguaje, actividad y discurso en el aula. En C. Coll, J. Palacios y A. Marchesi (Comps), Desarrollo psicológico y educación 2. Psicología de la educación escolar. Madrid: Alianza. Psicología y Educación.

4. Coll, C. y Solé, I. (2001) Enseñar y aprender en el contexto del aula. En C. Coll, J. Palacios y A. Marchesi (Comps), Desarrollo psicológico y educación 2. Psicología de la educación escolar. Madrid: Alianza. Psicología y Educación.

5.  Colomina, R. y Onrubia, J. (2001): Interacción educativa y aprendizaje escolar: la interacción entre alumnos. En C. Coll, J. Palacios y A. Marchesi (Comps), Desarrollo psicológico y educación 2. Psicología de la educación escolar. Madrid: Alianza. Psicología y Educación.

6.  Sacristán, G. La educación obligatoria: su sentido educativo y social.

7.  Saint-Exupéry, Antoine - EL PRINCIPITO. Salamandra, 1953.

 

16/04/2008 19:53. Rosalia #. sin tema

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gravatar.comAutor: Sol

Bien, de nuevo, Rosalía. Me remito a los comentarios anteriores...

Un saludo

Fecha: 12/05/2008 10:29.


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